jueves, 11 de julio de 2013
Murciélago Digital
Afiló sus cuchillos. Caminó veinte pasos hacia la derecha para poder girar otros sesenta y cuatro hacia la izquierda,moverse tres hacia atrás y quedarse inmóvil.Me miré con temor, un temor que se expandía a medida que abría más los ojos. Sorprendido quedó mi reflejo al verme de otra forma, con otra textura, con otros brillos en los ojos, esos que ya no eran de siempre. Había otro estado,la neblina se podía ver en el iris y el llanto que ya era parte definitiva del ritual.Desperté a la mañana siguiente. Estaba todo bien; la música en su lugar, los pensamientos divertidos y elocuentes,la misma gente que dice las mismas cosas, todo ,salvo que había una ceniza con olor a muerte en mi pantalón. La ignoré. Me desvestí y tenía dos heridas profundas, dos estocadas enterradas en diferentes partes, diferentes situaciones.Pasé paño caliente al pecho y otro al hombro.De blanco pasó a negro. Ardía como diablo,pero me vestí y seguí en ella, aún tenía su cuchillo afilado.Desperté en otro día, con otro sol, otro aroma, otra tristeza,otra pena,otra vida,otro aire.Las marcas seguían ahí,las personas con sus frases también y yo ignoraba la ceniza que se esfumaba ante mis ojos,pero que podía oler y percibir. El cansancio me llegó hasta los dedos,las rodillas,los hombros,espalda,todo.Las ganas se fueron con ella. Creo que nunca había mirado desde tan abajo y con tanto esfuerzo para saber que había en sus ojos y sus cuchillos.Lo mejor es que no hay culpa,porque el sol es otro, el aire también y los demás están ahí mirando como siempre y lo seguirán haciendo con sus horribles vidas.Por fin pude alcanzarla y decirle muchas cosas,quitarle esos cuchillos con olor a ceniza y que me diera un tiempo para que sean míos sólo un momento.
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