lunes, 17 de enero de 2011
Carta numero 87
Iluminando aquél que se acercase,pateando restos de culpa que encontraba en el suelo,odiando a todo aquél que odia,descifrando momentos que eran imperceptibles para la mayoría,suponiendo que todo siempre sería igual y que por supuesto,se diría que también estaría bien en su totalidad.Así lo pensaba,así lo imaginaba y muchos decían lo contrario, o ya tenía, que correr para olvidarlo.Lo alcanzó una ráfaga de disparos efectuados por una ak-47.Civiles al suelo,dos cuerpos tirados y una herida que en ese momento, dolía más que un término de relación amorosa.Quemaba por dentro y aún está así,herida abierta,pero también la pierna tenia cosas que decir y empezaba hablar diciendo que dolía demasiado y era un estúpido.Socorrí a dos mil sueños que andaban por ahí,pero los que estarían conmigo no pude hacer algo.Sufriste la tempestad de los sonidos guiados por tu corazón, los sufristes. La carta estaba empapada en barro y agua.Debajo de la cama explicaba que la culpa nunca fue tuya,que sólo las cosas se dieron de esa manera,que todos estos años tratando de encontrar alguna verdad no fueron en vano.Los artistas de ese entonces,corrieron y se metieron debajo de la cama.Había más espacio del que creímos,siempre hay más espacio.Uno de ellos con gorro lleno de plumas,sacó una botella y nos reímos del piso,su cara y quizás que cosas más que andaban por ese suelo.Nos retiramos con esa dignidad poco profunda y un poco tonta.Caminamos hasta un café y hablamos de la contingencia y de los nombres alternativos de los políticos del momento.Me separé.Fumé dos cigarros.Me atoré con mi vergüenza y escupí a la ignorancia prepotente.Me ordené; salir a caminar.Llegué acá y no estaba.Cansado.Subí dos escaleras y la tercera se esfumó.Vi un día gris,sí lleno de sol.Saludé a un gigante y me ayudó a cruzar mis miedos.Supuse que todo estaría bien después del trajín.El espejo conversó y me enseñó la noche.Dormí en la cama,debajo de ella.Sentí su suave piel,ella no.Sentí que el colchón era suave,que el piso de madera es suave.Me acurruqué al vivir y sentir.Fuí por un vaso de agua.Desperté en medio de una pelea y yo sería el próximo protagonista. "La culpa no es tuya,sólo se dieron las cosas así en el momento".Recordé y estaba debajo aún.La carta se había secado y era hermosa,realmente hermosa.El espejo me curaba la herida y la pierna,ella me odiaba.Aún ardía."No importa lo que pase,siempre estaremos contigo..." Levanté del agua mi mirada,levanté para no caer en los mismos errores,pero sí en otros distintos.La firma de la carta estaba incompleta,indecisa e incluso fonética.Nunca supe porque fue fonética.Corrí hacia el olvido y a resetear.Nunca alcancé.descansé y descansando cansado.Ella me decía que debía leer el sobre blanco y el azul para después.No supe y elegí la numero 87.Estuve un par de horas debajo de ella,debajo de la carta y sonreí.La pierna se había confundido con el dolor real.Escupí,pero esta vez sangre,esa que te dice que no estás muy bien.En ese último momento sonoro,mágico y quizás que otra cosa para el lector,comprendí. Imagínate,comprendí(imagínate con la magnitud de la palabra).Sí, me levanté,pero la pierna dolía y más aún la herida,la otra herida. No pude ir al café con los artistas,menos a salvar sueños.Guardé la carta en mi bolsillo izquierdo de mi camisa blanquita y sudé mis males por dos días seguidos.Ella no comprendió y marchó.La carta se acurrucó y recordé las lineas de esperanzas que estaban impresas,que no me dejarían y todo lo demás.
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