jueves, 9 de septiembre de 2010
Nacer
Todos agacharon sus cabezas,formaron en línea y estiraron sus manos para abrir sus palmas y recibir la pastilla morada.Felipe había dejado de andar paseando por las calles empapadas de sangre nocturna y decidió quedarse en casa, por lo menos esta vez. Sabíamos, que no duraría por mucho tiempo y el sueño se rompe nuevamente.Colgué algunas mantas en el jardín, para ventilarlas del polvo agresivo y discriminatorio, el cuál, me recordaba que vivía en una casa de esquina. Se coge un vaso para llenarlo de agua.Los pasos de la bondad no existían en casa,Felipe menos.Recorté con ansias revistas de chicas de los 60,para poder pegarlas en el muro del garage que estaba construyendo.Me estorbaban los pensamientos absurdos y extraños de Felipe, y cada vez que ponía mis pies en la cama,él estaba sentado comiendo ensaladas de todo tipo.Llenando el vaso con agua(de agua).Transcribiendo poemas de la noche, me senté para oír las aves pelear y luchar por su territorio.El agua empapando la pastilla en la boca.Le sugerí excavar en el patio para saber que olor salía del jardín.Felipe tenía mucha fuerza y la polera la dejé toda sudada.Se toma la pastilla y el vaso cae en la cocina.Felipe termina de excarvar.Me hace un gesto para poder mirar dentro del hoyo recién hecho.Me acerco cauteloso y la putrefacción sale de inmediato.Estaba una señora con los brazos estirados y encima un niño acurrucado.Me saco la polera y los cubro para que el frío no lastime más.Cierro la ventana,mientras Felipe se va de la casa.Otra noche soportando el polvo y el olor a putrefacción.
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