miércoles, 12 de diciembre de 2007

Sólo me quedaban tres segundos, un respirar agitado con aroma a hospital y un papel arrugado en mi bolsillo

Sucedió después de varios intentos. Al caminar muchas veces esos cordones no estaban bien sujetos al andar, pero nunca creí caerme en un vació que te despierta bruscamente en una noche, en la cuál, llena de estrellas están y que son para dos.Pero a pesar de que tomabamos las estrellas con nuestras manos, no fue suficiente nuestras fuerzas para partirlas en mitades iguales y llevarlas a nuestras casas,para que después recargarlas en luz y que brillaran en noche. Sequé la sangre que derramada en el suelo estaba(está), y le pregunté al hombre que estaba parado enfrente de mí con un espejo en mano, que cuán doloroso iba hacer. Él me miró con desprecio, se dio vuelta y antes de irse me tiró el espejo en la cara. Este se trizó(¿el espejo o él?)y quedaron diminutos pedacitos que nadie recogió y que sus labios ya no podía tocar más.

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