domingo, 2 de septiembre de 2007

parte que es seguida de la locura anterior

Mis manos llenas de esa sustancia acuosa que sólo se puede tomar con una bombilla del porte de una escalera al cielo. El sudor me corría por las manos habituales y ella no ponía cara de no gustar esto. Sus ojos son los de un gato que recorre los pensamientos sentados al frente de un ataúd y sus alegrías las cuenta, al mismo tiempo que voy recorriendo sus pechos y unas paginas del maldito cortázar. Sentados en la vereda, planificando si sus olores son compatibles con el ventilador que tienen al frente, pero que no lo ven. Sus caricias me gustan y a veces, también su indiferencia(ojalá que no sea para siempre). Como para de caminar y en la avenida de la calle siguiente descansé veinte años. Me gusta que se ria de cosas habituales y que transmita calor de aire (que no deberia fumar) por su boca. Un poco de ánimo para el domingo frustrado, para el de siempre, y el pecho arde más y más. Suficiente ardor en mis venas, pero sus aguas calman un poco, o quizás un bastante. Bastante más de lo que pude esperar y ahora estoy feliz, aunque varias cosas allán muerto allá afuera, allá en lo cotidiano. Disfruto al máximo de sus olores y las nubes bajan (ahora sí) para viajar al interior de mis pensamientos vagos y formarlos para que hagan bien. bajan cada vez que llora, bajan para poder disfrutar de lo que queda, porque el tiempo existe y ella también.

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