jueves, 9 de agosto de 2007
Amelie
Se subía sin permiso a los retratos de los abuelos. No le importaba comer o beber. Se reía de sus padres con mucha naturalidad. Iba al jardín a regañadientes,y se volvía sola a casa. Al llegar a su dormitorio, lo único que hacía era escribirle cuentos a Matías. Estaba horas tratando de idear una historia que lo impresionara,mientras tanto, los platos rotos, hacían que Amelie discutiera con él. Sus zapatos eran de todos los colores vistos y por haber. Su mochila era una estrella y su sonrisa era de cristal. Sus brazos no eran de una reina. Estaban moreteados por el odio y la estupidez(de algunos pocos).El ser de su mente la consolaba a cada instante, no la dejaba sola en ningún momento. Ella sabía que sus lágrimas iban hacer derramadas cuando su imaginación no fuera tanta. No quería perder, no quería imaginar perderlo. Se sentía bien, solo ahí se sentía como nunca. Al pasar los años, empezó a perderlo de a poco. Su cabeza y brazos ya no estaban, sus piernas perdieron fuerzas y, cada vez que solía pasar eso, él le decía que la amaría para siempre..que la amaría para siempre.
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