martes, 31 de julio de 2007

Esper- Ansia

Entre la nariz y el mentón, no podía tocar. Lo deseaba a cada instante, a cada momento. Mis intenciones eran puras, se los juro. Oí en su espalda la inocencia que la detenía para dar un beso, en cambio por mi parte, los gramos me consumían el deseo. Ella me decía que pararamos allí para llenar el estanque de bencina y comer algo después del largo viaje. Mis deseos se reprimían con la pastilla diaria. Desperté sudando y ella me tocó la mano. El efecto me duraba ocho malditas horas y después la conciencia se tornaba consciente. Tomé su mano, la tomé decidido. Sentí los labios de la perdición. En ese momento viaje por el pasado y futuro al mismo tiempo, un caos. Mi cuerpo se empezó a hundir con mucho peso sobre su cama, sobre la cama que me tenía postrado por varios años. Desperté llorando, pidiendole que me dejara en paz, pidiendole que no me hundiera más en ella.

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