martes, 19 de junio de 2007

El señor señor

Se fumaba dos al día. Esos recuerdos eran traidos especialmente para él. Después se servía una taza de café, amargo, dulce, y bien caliente. No notaba la diferencia entre las cordinaciones motoras de "aquél" y del "aquello". "Aquél" se apuntaba con el dedo, no tenía mayores derechos y era designado como algo peyorativo, en cambio, "aquello" era el hijo que todos querían tener, que todos querían abrazar y oír. La idea siempre estaba metida en la cabeza, un par de tragos de más y casi llevada a cabo. Los origenes de esas caracteristicas no las podían obtener unos simples hombres(aunque fueran nobles). Mirada callada y "baja", unos cien pesos en mi bolsillo y la euforía se apoderaba sin darme cuenta. Un poco de olor a cenizas, un poco de olor a olvido,un poco de olor a trago. Cien pesos más y lo hubiera logrado. Casi llevado al sangrado eterno, pero alguien dentro me dijo que no. Pena remitida, pena en mis ojos que no paraban, que no paran. Felicidad en ese momento, felicidad en el momento próximo. Con doscientos pesos trataba de comprar algo para calmar, para aceptar que todo se iba entre las manos con sudoración a sales de mar, con sales que no sudaban más que lágrimas en mis ojos, con ojos que no paraban y el tren que siempre me acompañaba.