lunes, 28 de mayo de 2007

Airlines Death

Cada día, cada muerte. En los altavoces del aire, una voz diciendo: “Por favor, abrocharse los cinturones de seguridad y ponerse las mascarillas de oxígeno, ya que la nave a sufrido un pequeño percance”. Todos seguían como si nada. Sus ojos parecían los de un niño, pero los míos saltaban de desesperación. Solté la pelota, Camilo y Diego me decían si quería seguir jugando. Abrochado mi cinturón, me tiré al vacío de la esperanza, esa que nunca llegaría con alas, esa que nunca llegaría sola. Afortunadamente , en el medio de la conversación con la desesperación, cayeron dos deseos de cristal. El primero, (y Diego seguía jugando con la pelota) me miraba como si fuera algo conocido para él. El segundo era antipático, no servía como para ser un deseo, o por lo menos, creía que tenía que ser un poco más amable. Entre medio del alboroto mental, sentí que me hablaron hace una semana atrás, en un simple juego. La azafata se acercó a mi intranquilidad y me dijo si podía regalarle un deseo, yo no supe que contestarle, yo no supe como contestarle. Me caí con la pelota y todas las imágenes en mente; no recuerdo, sólo después y dos caras en lo alto, pero pensé que no eran ellos , pensé solamente en el viaje que venía después. El primer deseo me tomó del brazo (la pelota la tenía Camilo) sus ojos me decían que tenía que acompañarlo( desde ese momento supe que tenía que ser así), mientras tanto, el segundo se volvía loco por irse y dejarme tirado en el asiento trasero.
La nave empezó a desplomarse. Sus alas traseras se quemaron con el viento(también se fue con él, su prestigio), su muerte venía, su muerte se aproximaba. Se sentían cómodos, la gente sonreía y se decían lo mucho que eran el uno para el otro. Mi mente turbada, al igual que la nave. Su sonrisa reflejada en mis ojos, su sonrisa... Mi pelota entre el pasto y mi mente solía hacer eso a cada rato. Volví, la azafata se rió, me besó y me dio su número telefónico. Espantado, con cara de próxima muerte, de próxima vida. El primer deseo me felicitó, se despidió ,me dijo que ya se iba ,porque ya fue utilizado, en cambio, el segundo seguía jugando a la pelota. Extrañaba su energía, extrañaba su alegría. Me sentí incomodo, hice un esfuerzo para acercarme, pero fue en vano. Su desprecio era tanto, que sólo seguía jugando a la pelota. Diego era el portero, Camilo y él eran los rivales. Pasó el tiempo y nadie ganó, nadie fue derrotado y vencido. Fue como un acuerdo. Pasaron los días y llegó al tercero, pero no resucitó. Dí el último respiro, y mi asiento se desplomó como si fuera sólo una pieza del rompecabezas, sólo eso. En ese instante, llegó más gente al partido, gente que era conocida y muy apreciada. Jugamos demasiado rato, diría más bien que jugamos por un tiempo no escrito, por un tiempo inmedible. Ahí mi sonrisa se reflejaba en sus ojos, ahí mis estupideces no eran estúpidas.Al otro día desperté con la boca seca,con la boca mojada.

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